Transición energética en Norteamérica: el dilema de las emisiones y el boom solar en el Statistical Review of World Energy de 2026

Statistical Review of World Energy 2026

El panorama energético global se encuentra en una encrucijada histórica, y la transición energética en Norteamérica se ha convertido en el epicentro de esta dualidad. Por un lado, la región avanza con paso firme hacia la adopción de tecnologías limpias, registrando hitos sin precedentes en la instalación de energía solar y sistemas de almacenamiento por baterías.

Por el otro, la insaciable demanda de electricidad y el peso de las infraestructuras tradicionales mantienen a la región fuertemente anclada a los combustibles fósiles.

El informe Statistical Review of World Energy 2026, publicado por el Energy Institute en colaboración con Ember, KPMG y Kearney, revela una realidad incómoda para los objetivos de descarbonización: a pesar del despegue de las energías renovables, las emisiones de gases de efecto invernadero en América del Norte siguen aumentando de forma alarmante, impulsadas por un incremento en la generación con carbón y el auge tecnológico de los centros de datos en los Estados Unidos.

El gran dilema norteamericano: récord de emisiones en plena era de transición

El último informe del Energy Institute pone de manifiesto una paradoja preocupante para la lucha contra el cambio climático. Durante el año 2025, América del Norte fue responsable de casi la mitad, concretamente el 47%, del incremento global de las emisiones de gases de efecto invernadero.

Este repunte estuvo liderado por los Estados Unidos, cuyas emisiones aumentaron un 3,2% en comparación con el año anterior. Para poner este dato en perspectiva, el crecimiento absoluto de las emisiones estadounidenses fue cuatro veces superior al registrado por China en el mismo periodo, un indicador que enciende las alarmas entre los analistas internacionales y los defensores del medio ambiente.

Este incremento en las emisiones no es casual. Detrás de las cifras se esconde un aumento del 13% en la generación de electricidad a partir de carbón en los Estados Unidos.

A pesar de las políticas gubernamentales orientadas a la transición energética y al cierre de centrales térmicas obsoletas, la volatilidad de los mercados energéticos y la necesidad de garantizar el suministro eléctrico ante picos de demanda obligaron al sistema a recurrir nuevamente al combustible fósil más contaminante. Este fenómeno demuestra que la infraestructura de hidrocarburos sigue siendo la columna vertebral de la seguridad energética del país.

Norteamérica continúa firmemente anclada al petróleo y al gas natural, recursos que juntos suministraron más de las tres cuartas partes del consumo energético total de la región.

Esta hegemonía está respaldada por una abundancia de recursos domésticos sin parangón, impulsada principalmente por la revolución del gas y petróleo de esquisto (shale) en territorio estadounidense. Desde el año 2016, Estados Unidos produce más gas natural del que consume, y en los últimos tres años ha logrado consolidar una posición de superávit también en la producción de petróleo, exportando más crudo de su consumo interno.

El boom de la energía solar y el almacenamiento: un rayo de esperanza

Transición energética en Norteamérica

A pesar de las preocupantes cifras de emisiones, el informe Statistical Review of World Energy de 2026 también revela una aceleración sin precedentes en el despliegue de las energías renovables. La energía solar sigue siendo la gran protagonista de esta transformación silenciosa, registrando un crecimiento espectacular del 28,4% en los Estados Unidos durante el último año.

Este avance consolida a la energía fotovoltaica como la fuente de generación eléctrica de más rápido crecimiento en el país, impulsada por la reducción de costes tecnológicos y los incentivos fiscales de la Ley de Reducción de la Inflación (IRA).

En total, la generación de electricidad en los Estados Unidos aumentó un 3,2% hasta alcanzar los 4.772 TWh. Dentro de este mix energético, las fuentes renovables ya aportan más del 19% del suministro eléctrico total.

Este avance no solo reduce la dependencia de las fuentes fósiles durante las horas de máxima radiación solar, sino que también está reconfigurando la estructura del mercado eléctrico mayorista, obligando a las empresas de servicios públicos a adaptar sus modelos de negocio a un entorno de generación descentralizada y variable.

La revolución de las baterías y el almacenamiento a gran escala

El crecimiento de la energía solar y eólica requiere, de manera obligatoria, soluciones que garanticen la estabilidad de la red eléctrica cuando el sol no brilla o el viento no sopla.

En este sentido, el almacenamiento de energía mediante baterías está experimentando un desarrollo masivo. Según los datos del Statistical Review of World Energy 2026, Estados Unidos alberga actualmente casi el 19% de la capacidad total de baterías instaladas a nivel mundial.

Este despliegue de almacenamiento a gran escala es fundamental para evitar los problemas de congestión en las redes de transmisión y para gestionar los excedentes de energía limpia.

Las baterías de ion de litio y otras tecnologías emergentes están permitiendo almacenar la energía solar generada durante el día para inyectarla en la red durante las horas pico de la tarde, sustituyendo de forma progresiva a las plantas de generación rápida basadas en gas natural, conocidas como plantas de punta (peaker plants).

La insaciable demanda de los centros de datos: la nueva frontera eléctrica

Uno de los hallazgos más relevantes y novedosos del informe de este año es el impacto directo de la digitalización y la inteligencia artificial en el consumo energético. La demanda de electricidad en los Estados Unidos aumentó un 3% en 2025, una cifra alineada con la media de crecimiento global, pero que esconde un motor de consumo de proporciones masivas: los centros de datos.

Estados Unidos acaparó el 40% del consumo mundial de electricidad destinado exclusivamente a centros de datos. La proliferación de infraestructuras de computación en la nube, el procesamiento de flujos de datos masivos y, sobre todo, el entrenamiento de modelos de inteligencia artificial generativa requieren cantidades ingentes de energía de forma ininterrumpida.

Esta demanda constante y de alta densidad está tensionando las redes eléctricas regionales y plantea un desafío directo para las metas de sostenibilidad de las grandes empresas tecnológicas, que se debaten entre la necesidad de expandir su capacidad de computación y su compromiso de alcanzar la neutralidad de carbono.

Canadá y el mapa global de las exportaciones de gas y petróleo

El análisis regional no estaría completo sin evaluar el papel de Canadá, un actor clave que ha consolidado su posición como el cuarto productor de petróleo más grande del mundo. Sin embargo, al igual que su vecino del sur, el aumento en la producción y el consumo de combustibles fósiles se tradujo en un incremento del 1,7% en sus emisiones de gases de efecto invernadero durante el año 2025.

A nivel global, la influencia de Norteamérica en los mercados energéticos internacionales se ha fortalecido de manera notable. Estados Unidos se ha convertido en un gigante exportador, representando más del 25% de las exportaciones mundiales de gas natural licuado (GNL) y el 23% de las exportaciones de productos petrolíferos a escala global.

Esta capacidad de exportación otorga a la región una influencia geopolítica sin precedentes, especialmente en un contexto donde Europa busca diversificar sus fuentes de suministro para reducir su dependencia de Rusia. La abundancia de recursos y los precios comparativamente bajos del gas natural en Norteamérica actúan como un motor económico interno, pero también como un ancla que dificulta una desconexión rápida de la economía fósil.

Análisis de expertos: un sistema energético global fragmentado y en punto de inflexión

Los líderes del sector energético coinciden en que los datos de este año muestran un sistema que se enfrenta a tensiones estructurales profundas y a dinámicas regionales muy diversas. La divergencia entre el crecimiento de las energías limpias y el aumento de las emisiones globales refleja la complejidad de sustituir un sistema energético que ha tardado más de un siglo en construirse.

Andy Brown, Presidente del Energy Institute, destaca que la energía sigue estando en el centro de la agenda política y económica global debido a las prioridades cambiantes de seguridad, asequibilidad y sostenibilidad. Según Brown, para satisfacer el crecimiento insaciable de la demanda energética mundial, se está observando un incremento en todas las fuentes de suministro, tanto limpias como fósiles, lo que subraya la dificultad de lograr una transición ordenada sin comprometer el suministro.

Por su parte, el Dr. Nick Wayth, Director Ejecutivo del Energy Institute, advierte de que el sistema energético se encuentra en un punto de inflexión caracterizado por una demanda récord, un avance histórico en la electricidad baja en carbono y trayectorias regionales que divergen de manera clara. Aunque se observa una sustitución alentadora de combustibles fósiles en el sector eléctrico de algunas regiones, las emisiones globales siguen aumentando y las presiones sobre la seguridad energética se intensifican, lo que hace urgente acelerar la eficiencia energética, la electrificación y la inversión en tecnologías limpias.

Desde la perspectiva del análisis de mercado, Wafa Jafri, socia y líder de Estrategia de Energía y Recursos Naturales de KPMG en el Reino Unido, señala un cambio estructural histórico: las Américas producen ahora un 20% más de petróleo que Oriente Medio, una transformación que habría sido impensable a principios de siglo. Esta nueva realidad está redibujando los flujos comerciales en tiempo real, obligando a las empresas a adaptar sus estrategias globales a respuestas regionales debido a que los diferentes mercados reaccionan de manera distinta ante las crisis para construir su propia resiliencia.

Finalmente, Maria de Kleijn, socia de Kearney, enfatiza que la energía solar y las renovables ya no son tecnologías de nicho, sino componentes masivos del mix energético global. Sin embargo, advierte de que el despliegue por sí solo no es suficiente. La próxima fase de la transición energética estará definida por la ejecución a nivel de sistema, asegurando que las redes de transporte, el almacenamiento de energía y las soluciones de flexibilidad sigan el mismo ritmo de crecimiento para que la energía limpia se traduzca realmente en una transformación económica y social profunda.

Conclusión: el desafío de la integración de sistemas

Los resultados del Statistical Review of World Energy 2026 dejan claro que la transición energética en Norteamérica no es un proceso lineal. El impresionante crecimiento de la energía solar y la rápida expansión de las baterías demuestran que la tecnología y la viabilidad económica de las energías renovables están listas para liderar el cambio.

Sin embargo, el aumento de las emisiones provocado por el carbón y el gas natural evidencia que el crecimiento de la demanda eléctrica dentro del sistema energético global, impulsado en gran medida por la digitalización y los centros de datos, sigue superando la velocidad a la que se puede desplegar la infraestructura limpia.

El éxito futuro de la descarbonización en la región no dependerá únicamente de instalar más paneles solares, sino de una profunda reforma de las redes eléctricas, el fomento de la eficiencia energética y la creación de marcos regulatorios que incentiven la flexibilidad del sistema.

Solo mediante una estrategia integrada que combine la generación limpia con la modernización de las infraestructuras de transmisión y almacenamiento se podrá lograr que el auge de las energías renovables se traduzca, finalmente, en una reducción sostenida y real de las emisiones de gases de efecto invernadero.

Más sobre el Statistical Review of World Energy™ 2026 en: https://www.energyinst.org/statistical-review

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