En las últimas semanas se ha hablado mucho sobre el fuerte impacto que la subida de los precios de los cereales está teniendo sobre los costes de alimentación en ganadería. Probablemente el sector está asistiendo a un cambio en la disponibilidad a escala mundial que obligará a un replanteamiento de la formulación de los piensos para ganadería.
En España se consumen anualmente unos 30.6 millones de toneladas de cereal, de los cuales se destinan 23 a la alimentación animal, 4,3 a la humana, 2,2 a usos industriales y el resto, poco más de un millón de toneladas a semillas y otras utilizaciones. Es una estructura de consumo típica de los países desarrollados, donde la demanda de productos cárnicos y de lácteos dispara la de cereales para piensos, de manera que este sector de la alimentación animal consume un dieciocho por ciento del trigo y un 62 de los cereales secundarios.
De hecho, dentro de la Unión Europea, España es uno de los grandes fabricantes de piensos, ya que produce 21 millones de toneladas (casi el quince por ciento de la producción total europea).
La mayor parte de ese pienso se destina a la ganadería intensiva, en concreto a la de porcino (33 por ciento) avicultura (32) y rumiantes (27).
A esta situación se ha llegado debido a que durante mucho tiempo, los cereales han sido un ingrediente para piensos asequible y barato, lo que ha creado una fuerte dependencia de la ganadería intensiva nacional respecto a su utilización como base de la alimentación ganadera. De esta forma, la demanda de cereales para la elaboración de piensos se incrementó un 43 por ciento desde 1980 hasta 2004 debido en buena medida a una situación de exceso de oferta que determinó que los precios internacionales de los cereales presentasen un descenso continuado desde los años 70 y hasta dicho año 2004.
De hecho, los precios de los cereales en 1961 eran aproximadamente dos veces más altos que 20 años después, situación que se ha mantenido hasta ahora gracias al aumento de la superficie de cultivo, sobre todo en los países en vías de desarrollo (quince por ciento entre 1980 y 2003 en Sudamérica, un 22 en el áfrica Subsahariana) y por la intensificación de la producción agrícola en todo el mundo.
Pero esta situación se ha ido modificando paulatinamente y durante la última campaña los precios alcanzados por los cereales han sido los más altos de los últimos diez años: 168,3 euros/toneladas para el trigo, 148,3 para la cebada o 169,5 para el maíz según el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación.
Dado que los costes de la alimentación de los animales representan una parte esencial de los totales de producción de las explotaciones ganaderas el alza de precios tendrá un impacto decisivo en el desarrollo futuro del sector ganadero. El importante déficit de las reservas mundiales de cereal se explicaría por la conjunción de una serie de circunstancias.
Una de ellas son las malas cosechas del año anterior en países como India, Australia y Argentina, que tradicionalmente colocaban cereal en los mercados internacionales. También ha habido cosechas de bajo rendimiento en España, debidas en buena medida a la sequía (18 millones de toneladas frente a un consumo estimado de 30 millones) y en otros países de la Unión Europea, debido a las inundaciones y alteraciones climáticas del año anterior.
Otra circunstancia es el incremento del consumo en China; este país, que es el segundo productor de maíz de mundo (un veinte por ciento de la producción total) ha pasado de país exportador a importador de maíz debido al incremento del consumo interno tanto para humanos como para animales. De hecho en China llevan seis años consumiendo más de lo que producen en sus plantaciones.
La tercera causa es la reducción de la producción de maíz americano debido a su reorientación para usos energéticos. Aproximadamente un catorce por ciento del maíz producido en Estados Unidos en la campaña 2005/06 fue destinado a la producción de etanol.
El aumento de la demanda de etanol, unido a una mala cosecha en la campaña siguiente, hizo disminuir los enormes stocks de este cereal en los EE.UU, principal exportador mundial a menos de la mitad, lo que ha hecho aumentar la especulación y con ella los precios. La producción de etanol en norte América fue de 15 millones de toneladas en 2006 (incluso mayor que la de Brasil), pero además, están dispuestos a duplicar ese consumo para 2015, en parte incrementando la superficie cultivada y en parte recurriendo a importaciones, algo que ejercerá una presión aún mayor sobre los mercados mundiales.
Escenario futuro
Parece claro que se ha invertido una situación de descenso continuado de los precios mundiales de los cereales mantenida durante los últimos 30 años por la existencia de excedentes de cereales en el mercado mundial. En el futuro la demanda alimentaria podría incrementarse notablemente y se plantea por otra parte un rápido crecimiento temporal de la demanda de cereales y algunas oleaginosas para la producción de biocarburantes.
Con los biocombustibles de primera generación la producción de energía se convierte en competidora de la producción de alimentos, aunque los expertos opinan que en una segunda fase, dentro de 15-20 años, el bioetanol se producirá a partir de material lignocelulosico, por lo que se aliviará en parte dicha competencia.
Aunque según algunos expertos, analizando los datos de consumo de cereales por parte de la industria de los biocarburantes, se podría decir que sólo en el caso del maíz americano las cantidades retiradas son lo suficientemente representativas como para haber tenido alguna influencia en los mercados. Las previsiones apuntan hacia un escenario futuro de mayor demanda mundial de cereales, en el que la producción de biocombustibles será sólo un agente más.
Basándose en este planteamiento los estudios prospectivos llevados a cabo por la Comisión Europea, predecían que las materias primas podrían aumentar entre un tres y un seis por ciento en el caso de los cereales y entre un quince y un dieciocho para el caso de las principales semillas oleaginosas, pero los mercados han mostrado incrementos del precio del cereal cercanos al veinte por ciento. Esto se explicaría por la entrada de capital especulativo en el mercado de cereal, sobre todo en el caso del maíz, ya que la tendencia alcista de sus precios lo ha convertido en un mercado atractivo para el inversor. La situación se agrava si se considera que el mercado de cereales y granos se concentra en muy pocos operadores comerciales en los países productores. En tales condiciones, habrá que adoptar medidas tanto por parte de las Administraciones, como por los propios productores, ya que se pronostican graves dificultades para mantener un modelo de ganadería basado en el cebo a base de cereales-pienso, que lógicamente encarecerá la producción de carne de pollo y cerdo, pero que puede poner en serio peligro la de carnes de vacuno y ovino.
En este sentido, habrá que reorientar la formulación de los alimentos para ganado, considerando que algunos ingredientes como los cereales deberán reducir su presencia en los piensos, a cambio de incrementar la de otros, como las tortas proteicas, los solubles de maíz o la glicerina cuyos precios y disponibilidad probablemente los hagan cada vez más atractivos (ver cuadro).
El aprovechamiento de las tortas resultantes de oleaginosas para biodiesel, así como de los DDG del etanol para cereales, podría resultar en una disminución de los precios de la proteína para alimentación animal que podría compensar en parte el crecimiento de los precios de los cereales, por lo que la influencia radicaría en la competencia en cuanto a tierras destinadas tanto a un uso como a otro; y es en este punto en el que la elasticidad de la demanda de granos para biocarburantes, en comparación con la de piensos principalmente, será vital a la hora de analizar la interacción de ambos sectores. Para el mercado europeo de oleaginosas, ampliamente deficitario en proteínas, la extensión de los cultivos base para obtener biocarburantes puede ser una ocasión muy favorable para reducir la dependencia de la soja no comunitaria, introduciendo en las alternativas unos cultivos compatibles que vendrán bien como forma de diversificación económica y agronómica evitando como venía sucediendo en España el descenso paulatino de las superficies cultivadas.
Bioetanol y biodiesel
En la actualidad existen dos tipos de biocarburantes: bioetanol y biodiesel. El primero es el producido por fermentación de productos azucarados tales como la remolacha y la caña de azúcar, pudiendo obtenerse también de cereales -como trigo, cebada y maíz-, previa hidrólisis o transformación en azúcares fermentables a partir del almidón contenido en ellos.
El etanol resultante se utiliza en vehículos como sustitutivo de la gasolina, bien como único combustible, o en mezclas en las que no debe sobrepasarse el cinco y el diez por ciento en volumen de etanol en climas fríos y templados; pudiendo llegar a un veinte en zonas más cálidas.
En cuanto al biodiesel, que se obtiene de aceites vegetales como palma, soja, colza, girasol, son metilesteres, obtenidos por transesterificación, con glicerina como producto secundario. Posee características físicas y físico-químicas parecidas al gasóleo, por lo cual pueden mezclarse en cualquier proporción con él, y utilizarse en los vehículos diesel, sin necesidad de introducir modificaciones en el diseño básico del motor. Por cada tonelada de cereal utilizado para la obtención de alcohol se obtienen 350 kilos de etanol, 335 de subproducto tipo DDGS utiizable en alimentación animal. Por cada tonelada de biodiesel se obtienen cien de glicerina, además de tortas ricas en proteína.
Reaparición de la colza
Una de las novedades producidas por el boom de los biocarburantes en España es la reaparición del cultivo de la colza, con algunas grandes empresas que apostaron por contratarla con destino a la fabricación de biodiesel.
En ese sentido, la superficie de cultivos energéticos ha ido evolucionando hasta alcanzar las 200.000 hectáreas en la actualidad.
Para conseguir en 2010 la sustitución de un 5,75 de los combustibles fósiles habría que destinar en España una superficie de cultivo de 1.500.000 hectáreas adicionales a las existentes, aun teniendo en cuenta la disponibilidad de 750.000 por retirada de cultivos. Se prevé la necesidad de importar unos dos millones de toneladas de cereal.
Fuente: diariodigitalagrario.net (www.diariodigitalagrario.net)
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