Las compañías invierten en encontrar uno económico, fácil de producir y compatible con la infraestructura de transporte.
Si se les pide que describan el combustible renovable perfecto, la mayoría de los ejecutivos petroleros dirían: económico, fácil de producir a gran escala y compatible con la actual infraestructura de transporte. En otras palabras, sería la versión ecológica de la gasolina o el diesel.
Algunas de las empresas de energía más grandes del mundo, incluyendo a BP PLC, Chevron Corp., ConocoPhillips y Exxon Mobil Corp., han aumentado el gasto para descubrir ese combustible: uno que salga de una planta o de material de desecho, pero sin las complicaciones de los actuales biocombustibles, como el hecho de que no puedan transportarse a través de la infraestructura existente.
Las cuatro empresas están entre aquellas que financian investigación universitaria sobre biocombustibles de segunda generación. Algunas de ellas también están invirtiendo en plantas piloto. Y al menos dos grandes petroleras, Chevron y Marathon Oil Corp., han invertido en los biocombustibles actuales - etanol derivado del maíz o la caña de azúcar y biodiesel derivado de aceites vegetales- apostando a que estarán en una mejor posición para refinar productos más avanzados una vez sean descubiertos.
La construcción del actual sistema de transporte de energía “ha requerido cien años y miles de millones de dólares”, dice Rick Zalesky, vicepresidente de biocombustibles e hidrógeno de la filial de energía alternativa de Chevron. Sería un desafío significativo y costoso desarrollar tanto nuevos combustibles como una nueva infraestructura para permitir su uso masivo, por lo cual “el resultado ideal de nuestra investigación es el desarrollo de combustibles que tengan propiedades químicas similares a la gasolina y al diesel”, dice Zalesky.
Cambio duradero
A diferencia de las incursiones anteriores en el desarrollo de combustibles alternativos, los actuales esfuerzos tienen la posibilidad de ganar impulso, dicen ejecutivos petroleros y analistas. La preocupación por el calentamiento global y la necesidad de garantizar una fuente confiable de energía en Estados Unidos han aumentado la presión política para que los gigantes petroleros encuentren alternativas al petróleo.
Y mientras las petroleras obtienen utilidades del alza en los precios de los combustibles fósiles, cada vez es más difícil encontrar nuevas reservas.
A medida que aumenta la demanda global de petróleo, crece el potencial de los biocombustibles de cubrir la brecha, dice Zalesky. La realidad es que la inversión de las grandes petroleras en combustibles alternativos todavía representa una pequeña parte de los presupuestos totales de inversión.
BP, con sede en Londres, ha prometido US$500 millones por un período de 10 años a un laboratorio biocientífico de investigación de energía, el cual es apoyado por la Universidad de California, en Berkeley, la Universidad de Illinois, en Urbana-Champaign, y el Laboratorio Nacional Lawrence Berkeley.
Cabe aclarar que la inversión en biocombustibles por parte de las petroleras es una parte ínfima de sus presupuestos de inversión. En el caso de BP, es inferior al 3% de los gastos anuales de capital, que fueron de US$17.200 millones en 2006.
Pero Philip New, vicepresidente del grupo de administración de combustibles de BP, dice que las contribuciones son significativas comparadas con los presupuestos de los departamentos universitarios que ellos financian. Las inversiones anteriores de las grandes petroleras en combustibles alternativos, después del auge de los precios del petróleo en los años 70, duraron muy poco.
Cuando los precios del petróleo cayeron, el etanol se volvió costoso y las plantas fueron eventualmente desmontadas o vendidas.
Pero “esta vez, creemos que el alza de los precios del petróleo va para largo”, dice Ron Oster, un analista de Broadpoint Capital Inc. de St. Louis. Eso le dará estabilidad a las inversiones que están haciendo actualmente las petroleras, afirma. Un biocombustible sin los problemas del etanol y el biodiesel sería una mejor apuesta económica para las grandes petroleras.
A los críticos del etanol a base de maíz, que en algunas partes se mezcla en pequeñas cantidades con la gasolina, les preocupa que debido a que la oferta de maíz es limitada, un aumento en la demanda de las refinerías podría llevar a déficits que elevarían a niveles inaceptables los precios tanto del combustible como de los alimentos. El etanol y el biodiesel no se pueden transportar a través de los oleoductos que llevan la gasolina y el diesel porque filtran agua y otros contaminantes que los convertirían en productos no utilizables.
El etanol y el biodiesel también producen menos kilómetros por galón que la gasolina o el diesel convencional y sus efectos corrosivos han hecho que los fabricantes de autos y camiones no ofrezcan garantías a los conductores que usan mezclas de gasolina con altos porcentajes de etanol o diesel mezclado con altas cantidades de biodiesel.
Los ingenieros de las grandes petroleras están trabajando para superar estos problemas, dice Zalesky de Chevron. Un combustible hecho con materias primas vegetales, como tallos de la planta del maíz, hierbas u otros productos no alimenticios, reduciría la dependencia del maíz. Y se podrían utilizar otras plantas y hasta algas, dice Zalesky.
Chevron tiene una participación en una planta de biodiesel en Texas, que aunque pequeña cuando se compara con las megarrefinerías de Houston, le permiten a la petrolera evaluar la naciente industria y prepararse para su expansión. Entre tanto, ConocoPhillips se ha asociado con Tyson Foods Inc. para producir diesel renovable en sus refinerías en Texas. Royal Dutch Shell PLC tiene dos empresas conjuntas dirigidas a producir etanol de fuentes diferentes al maíz.
Y aunque ExxonMobil ha apoyado la investigación de la Universidad de Stanford, no ha acogido biocombustibles tanto como sus pares y, a cambio, se ha concentrado en la investigación de vehículos de células de hidrógeno y otras tecnologías.
Por JESSICA RESNICK-AULT - Especial para THE WALL STREET JOURNAL
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