El ganado vacuno y su influencia en el cambio climático



Al pensar en la contaminación ambiental, lo primero que se nos viene a la cabeza son grandes autopistas atestadas de tráfico vehicular, caños de escape soltando negras bocanadas de humo…pero lo que nadie imagina que el bucólico paisaje de campo, una verde llanura con vacas pastando apacibles, es en realidad un escenario tanto o más contaminante que el anterior.

En efecto, el ganado vacuno genera una considerable cantidad de emisiones contaminantes a la atmósfera, que lo coloca en una posición cercana al transporte por automotores.

Por ello, las vacas emiten hacia la atmósfera metano y óxido nitroso mediante gases y eructos, agravando el famoso efecto invernadero que desencadena el cambio climático. En Estados Unidos, un país con una extendida producción ganadera, el ganado vacuno produce más gases de efecto invernadero que 22 millones de autos juntos por año.

Ocurre que el metano es un gas 20 veces más nocivo para el calentamiento global que el carbono – que principalmente es producido por la quema de combustibles fósiles –. El particular aparato digestivo de la vaca produce una considerable cantidad de este gas, y si se tiene en cuenta lo extendida a nivel mundial que está la producción de ganado vacuno, no resulta difícil dimensionar el problema que el consumo de carne representa para nuestro planeta.

El problema es aún mayor en países desarrollados como los Estados Unidos, donde al ganado se lo alimenta con maíz y soja en lugar de pasto, que hace que sus aparatos digestivos generen aún más gas. Las vacas se colocan así al mismo nivel que los autos, los aviones y los trenes en cuanto amenazas contaminantes para nuestra atmósfera.

Resulta así que la industria de la carne es la tercera causa del calentamiento del planeta, sólo después del consumo de energía en edificios y el transporte. El dato se desprende de un informe de la Agencia de la Naciones Unidas para la agricultura y la alimentación (FAO) y la opinión de un asesor clave de Al Gore, premio Nobel de la Paz y ex vicepresidente de EE.UU, actualmente un importantísimo activista ambiental.

Un informe de la FAO que se llamó Livestock’s Long Shadow – La larga sombre del ganado –, aseguraba ya en el 2006 que los 1.500 millones de reses que hay en el mundo eran responsables del 18 por ciento de los gases de efecto invernadero, un porcentaje mayor que el de automóviles, aviones y demás formas de transporte juntas.

Europa también tiene un problema semejante con las vacas lecheras. Un solo ejemplar de esta variedad, emite cada día tantos gases nocivos como un coche que recorre unos 50 kilómetros. De acuerdo al Ministerio de Medio Ambiente de España, el 5,75% de los gases de efecto invernadero emitidos a la atmósfera en España en 2005 tuvo su origen en el ganado, en forma de estiércol o flatulencias.

Esto se debe a que los gases que emite la vaca, el metano y el óxido nitroso, son mucho más nocivos que el CO2, puesto que cada gramo de óxido nitroso hace tanto daño como 296 de carbono.

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