De la sartén a la caldera



Alumnos del Instituto Las Espeñetas reciclan el aceite usado en sus casas y lo convierten en combustible ecológico que permitirá al centro educativo ahorrar en el gasto de la calefacción.

Las energías renovables son ya un hecho y en el Instituto Las Espeñetas no sólo conciencian a su alumnado de la importancia de los que serán los combustibles del futuro, sino que además se ha puesto en marcha un proyecto a través del cual los estudiantes experimentan en el laboratorio lo fácil que puede llegar a ser sacar combustible, en este caso del aceite usado en la cocina de cualquiera de sus casas. Un grupo de nueve alumnos de Segundo de Bachillerato es el encargado de convertir el aceite en biodiésel capaz de hacer andar a cualquier coche que necesite gasóleo para funcionar. De hecho, el combustible que sacan en el laboratorio se destinará, como explica el director del centro, Miguel Ortuño, a la caldera de la calefacción del instituto sin necesidad de hacerle ningún tipo de ajuste.

El experimento ha conseguido incluso un premio del programa de jóvenes investigadores de la CAM que les ha valido una subvención de 2.000 euros. Asimismo cuentan con otros 400 euros de ayuda por parte de la Conselleria de Medio Ambiente a través de un convenio que tienen con el área autonómica de Educación. La materia prima, es decir, el aceite usado, la ponen los propios alumnos del instituto. De hecho dentro de un programa de puntos especial con el que cuentan en Las Espeñetas para mantener la disciplina en aulas y pasillos, quienes más aceite aporten pueden ganar los puntos perdidos por acciones menos loables.

En el laboratorio los alumnos encargados del proyecto se dedican varias horas a la semana a reciclar el aceite. El proceso es fácil pero debe de estar revisado por un profesor, en este caso el propio Miguel Ortuño. En unas garrafas colocan el aceite y lo calientan con el objetivo de mezclarlo con metanol y sosa cáustica para separar la grasa del combustible. Una vez realizada esa mezcla y después de un día, separan la glicerina que queda abajo del biodiésel, que se lava y se calienta para dejarlo listo para su consumo.

Los estudiantes que se encargan son los que cursan la asignatura Técnicas de Laboratorio en segundo de Bachillerato, aunque la idea es que la glicerina que en estos momentos desechan pueda usarse otros años para hacer jabones, de forma que no se tirará nada del aceite usado y se podrá reutilizar con fines muy distintos al que tuvo en un primer momento.

Para que todos los alumnos sepan cuál es el trabajo que se realiza en el laboratorio y, además, comprueben que el biodiésel contamina mucho menos que el gasóleo normal, en la entrada al instituto se ha colocado una especie de muestra de todo el proceso que se realiza cada semana en el laboratorio. Al final, hay dos mecheros, uno cargado del combustible realizado por ellos mismos y otros con el que se puede comprar en cualquier gasolinera. Los estudiantes tienen la posibilidad de encender las dos mechas y ver cómo el gasóil normal tira mucho más humo que el biodiésel elaborado a raíz del aceite usado en sus cocinas. Así, se demuestra que el combustible preparado con el reciclaje de la materia prima es mucho menos contaminante que el que cualquiera de ellos puede echarle a sus motos.

El biodiésel que han logrado refinar en el laboratorio irá directamente a la caldera de la calefacción. En un principio, según explica Miguel Ortuño, se mezclará con gasóleo al 50%, aunque el objetivo es conseguir tener una calefacción que contamine mucho menos que la actual, y todo gracias a la labor realizada por los alumnos dentro del laboratorio. Si el experimento funciona como ya se ha demostrado, los responsables del centro consideran la posibilidad de iniciar una campaña para que los bares del barrio del Rabaloche guarden sus aceites usados de manera que los estudiantes puedan refinarlos y convertirlos en un combustible más ecológico.

Fuente: La Verdad (www.laverdad.es)

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