Aguas europeas dirigen al retorno del océano, clave para regular el clima

Una nueva investigación muestra que la circulación meridional de retorno del Atlántico (AMOC), se debe principalmente a las aguas al oeste de Europa



Una nueva investigación muestra que la circulación meridional de retorno del Atlántico, que regula el clima, se debe principalmente a las aguas al oeste de Europa
Una nueva investigación muestra que la circulación meridional de retorno del Atlántico, que regula el clima, se debe principalmente a las aguas al oeste de Europa

Un nuevo estudio internacional hace hallazgos sobre la circulación meridional de retorno del Atlántico (AMOC). Se trata de un proceso en el océano profundo que juega un papel clave en la regulación del clima de la Tierra.

AMOC es impulsada principalmente por las aguas frías al oeste de Europa.

Como consecuencia de la visión científica prevaleciente, el estudio muestra que la mayor parte del retorno y la variabilidad no se producen en el Mar de Labrador, en Canadá. Así lo han sugerido estudios de modelos anteriores. Sino que se producen en regiones entre Groenlandia y Escocia. Allí, las aguas cálidas, saladas y poco profundas transportadas hacia el norte desde los trópicos por corrientes y vientos, se hunden y se convierten en aguas más frías, frescas y profundas. Y se desplazan hacia el sur a través de las cuencas de Irminger e Islandia.

La variabilidad del retorno en esta sección oriental del océano fue siete veces mayor que en el mar de Labrador.

Y representó el 88% de la varianza total documentada en todo el Atlántico norte durante el período de estudio. 21 meses en total.

Estos hallazgos, por inesperados que sean, pueden ayudar a los científicos a predecir mejor los cambios que se producirán en AMOC. Y cuáles serán los impactos climáticos de esos cambios. Dijo Susan Lozier, profesora de Ciencias de la Tierra y el Océano.

“Debemos ayudar a las predicciones del clima en los próximos años y décadas. Para ello necesitamos saber dónde se está produciendo este profundo retorno y qué está causando que varíe”.

Dijo Lozier, quien dirigió el estudio de observación internacional que produjo los nuevos datos.

“El retorno lleva vastas cantidades de carbono antropogénico a las profundidades del océano. Lo que ayuda a frenar el calentamiento global. La reserva más grande de este carbono antropogénico se encuentra en el Atlántico Norte”.

Penny Holliday. Coautora del Centro Nacional de Oceanografía de Southampton, Reino Unido

“El retorno también transporta el calor tropical hacia el norte. Lo que significa que cualquier cambio podría tener un impacto en los glaciares y el hielo marino del Ártico. Comprender lo que está sucediendo y lo que puede suceder en los próximos años es vital”.

Señaló Holliday

Científicos de 16 instituciones de investigación de siete países colaboraron en el nuevo estudio. Publicaron sus hallazgos revisados por pares en Science.

“No puedo expresar de manera suficiente la importancia de esta colaboración internacional para el éxito de este proyecto. Medir la circulación en el Atlántico norte subpolar es increíblemente desafiante. Por lo que definitivamente necesitamos un enfoque de ‘todos a bordo'”.

Expresó Lozier

Este documento es el primero de la fase inicial de cinco años y 32 millones de dólares del proyecto de investigación OSNAP (Desmonte en el Programa Subpolar del Atlántico Norte), en el que los científicos han desplegado instrumentos amarrados y flotadores submarinos a través del Atlántico para medir la circulación del retorno océanico. Y de esta manera arrojar luz sobre los factores que hacen que varíe. Lozier es la investigadora principal del proyecto, que comenzó en 2014.

“Como científicos, es emocionante saber que hay más piezas para resolver el rompecabezas de lo que pensamos”.

“Aunque el retorno en el Mar de Labrador es más pequeño de lo que esperábamos, hemos aprendido que esta cuenca desempeña un papel importante en el transporte de agua dulce desde el Ártico. Las mediciones continuas en esa cuenca serán cada vez más importantes, ya que el Ártico cambia inesperadamente”.

Johannes Karstensen, coautor del Centro GEOMAR Helmholtz para la Investigación del Océano Kiel, en Alemania.

El nuevo trabajo contiene datos recopilados durante un período de 21 meses desde agosto de 2014 hasta abril de 2016.


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