El cambio climático sí preocupa en las universidades de EEUU




El cambio climático sí preocupa en las universidades de EEUU. Contaminación ambiental

EEUU – Ser “verde” está de moda en las universidades de Estados Unidos, un país en el que se siente un cambio tectónico en la actitud respecto al cambio climático pese a que su Gobierno se opone a topes obligatorios a las emisiones.

La administración del presidente George W. Bush, que reconoció hace poco más de un año que el cambio climático era un “desafío”, da largas a la idea de poner límites a los agentes químicos que salen de los tubos de escape y chimeneas del país.

En los campus desde Nueva York a California la posición es muy diferente, en gran parte debido a la presión de los estudiantes y de muchos profesores para los que la evidencia científica es incontestable.

La Universidad de Yale, por ejemplo, se ha puesto como meta bajar en un 43 por ciento sus emisiones para el año 2020 con respecto al nivel de 2005.

“Si no hiciéramos esto, nuestros estudiantes estarían manifestándose por la calle”, bromeó Jerry Warren, el vicepresidente adjunto para construcción y renovación de esa universidad.

Una asociación de alumnos de Yale ha hecho, por ejemplo, un concurso entre residencias para ver quién conserva más energía, dijo Sara Smiley Smith, una estudiante de doctorado que ha participado en la organización de las actividades ecológicas de la universidad.

“Los estudiantes ayudan a empujar a Yale hacia adelante”, dijo.

Más de 500 universidades, donde estudia un cuarto de todos los alumnos del país, han firmado el llamado “Compromiso climático de los rectores de EEUU”, por el cual prometen desarrollar un plan para eventualmente suprimir todas sus emisiones de dióxido de carbono, según Lee Bodner, director ejecutivo de EcoAmerica, una de las organizaciones sin fines de lucro que gestionan el proyecto.

Esos planes contemplan la construcción de edificios ecológicos y el uso de energía alternativa.

Hasta ahora, ha logrado la meta tan sólo la Universidad del Atlántico, una institución del estado de Maine con tan sólo 300 alumnos donde se estudia únicamente ecología.

Para compensar por la inevitable contaminación, esa entidad ha invertido en un proyecto de reducción de las emisiones en el estado de Oregon.

El altruismo no es el único acicate de las universidades, según Bodner.

En su opinión, demostrar sus credenciales “verdes” se ha convertido en otra área de competencia entre ellas a la hora de reclutar a los alumnos con más potencial y convencer a las mejores mentes del mundo de que enseñen en sus aulas.

“Los estadounidenses han empezado a tener una mayor conciencia sobre el cambio climático, pero eso aún no se ha trasladado en modificaciones en el comportamiento”, se quejó Bodner.

Algunos sectores de la sociedad sí han pasado a la acción, y no se trata sólo de organizaciones ecologistas como la de Bodner.

Empresas de la talla de General Electric, BP America y Alcoa han presionado al Gobierno para que acepte topes obligatorios a las emisiones y algunos grupos de la derecha religiosa también han hecho un llamamiento para cuidar “la creación divina”.

Veinticinco estados han establecido normas más estrictas que el Gobierno federal sobre contaminación, que obligan a las empresas eléctricas a comprar energía alternativa, según Roby Roberts, vicepresidente de Vestas America, una compañía de energía eólica.

Además, los dos aspirantes demócratas a la presidencia, Hillary Clinton y Barack Obama, e incluso el candidato republicano, John McCain, tienen planes para responder al cambio climático.

Pero ser ecologista no sale gratis, y eso lo saben las universidades.

“La tecnología no es muy complicada. La cuestión es si te la puedes permitir”, dijo Warren, que calcula que la construcción de edificios en Yale que conservan energía ha elevado su costo en entre un 3 y un 4 por ciento.

Algunas medidas ahorran dinero a largo plazo, como la instalación de ventanas con más aislamiento, controles de electricidad y pintar de blanco los tejados para que reflejen la luz.

Usar agua no potable para los inodoros, bambú para los muebles y la propia energía alternativa implican gastos adicionales, explicó Warren.

Smith defendió el papel de las universidades, porque son “laboratorios donde se ve lo que funciona y lo que no”.

Su impacto mayor, sin embargo, quizá sea la formación de una generación de estadounidenses con una mayor conciencia ambiental que sus mayores.

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Fuente: La Opinión de Tenerife (www.laopinion.es)


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