Unión Europea – Energía agraria para un mundo cambiante



LA POLíTICA europea de medio ambiente y energía no carece de retos en un momento en el que la fusión de la capa de hielo de Groenlandia y los fenómenos climatológicos extremos han ido convenciendo progresivamente a la mayoría de la gente de la necesidad de actuar a nivel político. Además, recientes acontecimientos han puesto claramente de manifiesto la necesidad de garantizar el suministro energético de Europa. El consumo de energía aumenta, al tiempo que varios países consideran la posibilidad de reducir la utilización de la energía nuclear. Ya hemos tenido ocasión de comprobar que Rusia está perfectamente en condiciones de abrir y cerrar el grifo del gas para la exportación a voluntad. Esta situación es insostenible: según nuestras previsiones, en el año 2030 tendremos que importar el 65 % de nuestra energía si no modificamos radicalmente nuestra política energética.

Un enfoque comunitario

En consecuencia, es necesario adoptar urgentemente un enfoque comunitario para garantizar un suministro energético estable y respetuoso con el medio ambiente. éste era también uno de los principios de base del Pacto Energético que presentó la Comisión en enero, el cual representa un primer paso hacia una nueva política energética común para Europa. El pacto, aprobado por los jefes de Estado o de Gobierno de la UE en su “cumbre” de marzo, comprende, entre otros aspectos, el objetivo de reducir nuestras emisiones de CO2 en un 20 % de aquí a 2020 y, además, el que las energías renovables representen una quinta parte del conjunto de energías utilizadas.

Simultáneamente, nos hemos comprometido a aumentar el uso de biocombustibles hasta el 10 % en el sector del transporte. Las ventajas del incremento de la producción de energías renovables en la UE son múltiples para la agricultura y la economía, sin olvidar el medio ambiente. Si queremos reducir los gases de efecto invernadero procedentes del consumo de energía en Europa, la base es un sector del transporte más respetuoso del medio ambiente. Mientras que las emisiones de CO2 procedentes de la industria, la agricultura y el consumo doméstico experimentan una reducción, lamentablemente en el sector del transporte sucede exactamente lo contrario. El transporte marítimo, terrestre y aéreo es ya responsable de una cuarta parte de las emisiones de CO2 y, si no actuamos con contundencia, el porcentaje seguirá creciendo sin remedio.

Los biocombustibles representan una parte de la solución, pero, sobre todo, presentaremos el año que viene una nueva serie de propuestas cuya finalidad es luchar contra los efectos sobre el medio ambiente del creciente parque automovilístico europeo.

Una cuestión con muchos aspectos

Los biocombustibles ya han hecho correr ríos de tinta: se les ha tachado de error histórico y también se les ha alabado como salvadores frente a las crecientes necesidades de energía a nivel mundial. Sin embargo, la realidad tiene más matices.

Las ventajas para el medio ambiente derivadas de la utilización de los biocombustibles depende de los métodos de producción de los mismos. Los biocombustibles producidos mediante la utilización de carbón tienen un balance de CO2 negativo. Sin embargo, esta es la excepción a la regla en Europa, donde los métodos más corrientes conllevan una reducción media del CO2 de un 35 a un 50 %.

Es evidente que en Europa no disponemos de las superficies agrícolas necesarias para satisfacer la demanda en aumento de plantas generadoras de energía; una parte de esa demanda debe cubrirse mediante importaciones. No obstante, carece de lógica importar biocombustibles en cuya producción se haya emitido más CO2 que el que se ahorrará al quemarlo, ya que los gases de efecto invernadero conducen al calentamiento global, independientemente de que procedan de Asia o de Andalucía. Por ello, la Comisión exigirá garantías de que los combustibles importados no van acompañados de un balance medioambiental negativo. En el futuro, el progreso científico hará posible que se coloque aún más alto el listón de la protección del medio ambiente. Los biocombustibles de segunda generación se clasifican desde el punto de vista medioambiental en la misma categoría que la energía eólica, pero a pesar de los grandes avances logrados, su producción no será probablemente rentable hasta 2015. Por ello, los biocombustibles de primera generación desempeñan aún un papel importante para lograr nuestro ambicioso objetivo en 2020.

La agricultura responde a las expectativas

Además de la producción de plantas energéticas, la agricultura y la silvicultura ofrecen toda una serie de posibilidades para generar energías limpias y renovables. Podemos obtener electricidad y calor a partir de la combustión de paja, astillas de madera y pastos, o del estiércol, el cual sufre un proceso de biogasificación en una instalación biológica de gas. Esta es una energía verde, que liberará una parte de la carga medioambiental generada por la producción ganadera europea, por lo que los beneficios serán dobles.

También es posible producir biodiesel a partir de grasa animal procedente de los despojos de matadero y de animales muertos. De esta manera, el procedimiento de incineración, hasta ahora necesario, pero nocivo para el medio ambiente, se transforma en una fuente de energía positiva que responde asimismo a la filosofía defendida en la agricultura de no desperdiciar nada.

El cambio climático y las variaciones geopolíticas son una realidad, pero también lo es la nueva política energética europea, orientada hacia el medio ambiente. El pacto energético ha sido sólo la primera de una serie de ambiciosas iniciativas políticas a nivel de la UE y de los Estados miembros. Afortunadamente, España se ha subido a la ola verde, ya que aquí se hallan la innovación, el conocimiento técnico y una agricultura rentable, que son los principales ingredientes de la receta para una política de energías renovables.

*Comisaria europea de Agricultura

Fuente: El Día (www.eldia.es)


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