El Pasto como nuevo biocombustible: posibilidades de un recurso que no compite con los alimentos



Usar el pasto para producir biocombustible

La posibilidad de que la hierba (o pasto) sea utilizado como biocombustible no es noticia reciente. Desde hace muchos años se están investigando las posibilidades reales para este tipo de vegetal como posible fuente para biocombustible de modo masivo. Institutos de toda Europa y Norte América evalúan las opciones.

Teagasc es el centro de investigación de la autoridad de desarrollo agrícola y alimentario en Carlow, Irlanda. Allí, su oficial de investigación, Susanne Bart, está llevando a cabo una investigación financiada por la UE llamada GrassMargins. La misma tiene como objetivo congeniar dos de los problemas claves de los biocombustibles: la fuente y el modo de producción de la fuente. Como conocemos, las tierras utilizadas para el cultivo de diferentes productos alimenticios destinados a ser fuente para el desarrollo de biocombustible conlleva el problema “moral” y económico del desperdicio de alimento al desviar su uso primario (alimentación) hacia uno “secundario” (combustible). Es por ello que nace GrassMargins. Estudiando diferentes clases de hierbas, su potencial de implementación en cultivos a gran escala y la utilización de terrenos “marginales” para realizarlo.

Tierra Marginal: dónde se cultivará

Bart explica que “tierra marginal” es una definición amplia, ya que puede referir a “suelos que pueden estar en condición física mala o propensa a las inundaciones, la sequía extrema o que sufren de estrés salino.” Entonces, optimizar el rendimiento de los pastos de larga duración sobre estas tierras será crucial para la producción de combustible a un precio competitivo. Esto también ayudaría a los biocombustibles que compiten por las tierras aptas para cultivos alimenticios.

Por lo tanto, hierbas nativas europeas como la festuca alta, pata de gallo (también conocida como pasto ovillo) se están probando para ver cómo crecen en condiciones menos ideales. El interés de los investigadores reside principalmente en aquellos suelos que estén anegados o que constituyan terrenos propensos a inundaciones. Por ejemplo: para el norte de Europa, las hierbas deben luchar contra las bajas temperaturas; en el sur, la hierba debe ser resistente y con mucha tolerancia a la sal. Es por ello que se pretende que los agricultores opten por cultivar gramíneas (en lugar de productos alimenticios) para que puedan utilizarlas como materia prima para los digestores anaerobios y producir combustible líquido o fardo para su utilización en una instalación de combustión para producir energía o calor.

Miscanthus: qué se cultivará

Los resultados provisorios del proyecto pueden llevar varias soluciones alternativas. “Yo no creo que ningún cultivo específico dominará en todos los lugares”, porque utilizar diferentes cultivos para cada ubicación según cual sea el más adecuado para la zona sería la mejor apuesta; comenta Bruce Dale, un experto en cultivos de biocombustibles de la Universidad del Estado de Michigan en Estados Unidos. “Creo que vamos a utilizar primero los residuos de cosecha, ya que es probable que sean los más baratos, y luego vamos a ir de allí a los cultivos energéticos como el Miscanthus.”

Miscanthus es un buen candidato, desde el punto de vista científico, de acuerdo el experto en biocombustibles Nicolas Brosse, de la Universidad de Lorraine en Francia. “Tiene baja humedad y alto contenido de azúcar. La planta también es interesante por su alta productividad, es una hierba perenne, no requiere de nitrógeno y herbicidas; (…) los campos de miscanthus son también un muy buen refugio para animales salvajes como las aves, jabalíes y los insectos”.

Sin embargo, los rendimientos publicados de 15 a 25 toneladas por hectárea son de tierras muy fértiles, aptas para la alimentación. “La producción de Miscanthus en campos muy grandes, como el maíz o el trigo, no debe ser considerada. Uno de los intereses en el proyecto es la producción de biomasa, utilizando las tierras marginales. Pero en ese caso, los rendimientos reales pueden ser inferiores” asegura Nicolas Brosse; a lo que concluyó diciendo que “es una buena idea para producir biomasa utilizando tierras marginales, pero los rendimientos reales por hectárea deben examinarse con cautela”.

Fuentes: GrassMargins, Cornell University, CIFOR.


Acerca de Natán Gasparotti 19 Articles
Ha estudiado Licenciado en Ciencias de la Comunicación en la UCSF. Fotógrafo, escritor y corrector; cuyos gustos diversos, curiosidad y sed de conocimiento lo han llevado a desempeñarse como escritor para redes de blog sobre temas de interés.

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